(Qué bueno) Tener a Bielsa como técnico*

Si hay algo frecuente en el mundo del fútbol son los fracasos. Con solo mirar cualquier competición veremos varios equipos que la habrán concluido sin cumplir con sus expectativas iniciales. La razón es simple: sólo puede haber un ganador. Mientras que la condición de vencedor es excluyente, la derrota siempre está dispuesta a abrirle la puerta a todos, aunque no lo deseen. Si bien la historia del fútbol nos brinda un gran abanico de ilusiones rotas, no resulta tan fácil encontrar explicaciones que intenten encontrar la causa de cada una de esas frustraciones. Esto puede deberse, en gran parte, a una tendencia generalizada a atribuirle al fútbol un componente estocástico demasiado elevado, el cual excluiría el sentido de cualquier tipo de análisis. Si bien sería inadecuado negar el carácter aleatorio de muchas de las situaciones de juego que pueden presentarse durante un partido de fútbol, lo cierto es que la estrategia y la planificación también tienen un espacio a la hora de explicar los por qué de las victorias y las derrotas.
Hablábamos de fracasos y decíamos que muchas veces suele evitarse la búsqueda de una explicación para atribuirlos a la mala fortuna. Esto puede ser correcto si, por ejemplo, se trata de explicar por qué Croacia fue eliminada por Turquía en la EURO 2008. Ahora bien, si vamos al caso de Chile y observamos que no logró clasificar a los últimos dos mundiales y que, además, en la última eliminatoria finalizó en el último lugar, no pensar que el problema de la Roja es enteramente futbolístico sería un acto de ceguera propio del cuerpo técnico actual de la selección argentina. Chile sabía que había tocado fondo y que, a pesar de no contar con una rica historia en la materia, debía aspirar a devolverle a su público los momentos de alegría de la década pasada. La situación era tan caótica que, para despegar, se necesitaba un cambio radical en la conducción. Para eso recurrió a Marcelo Bielsa…
Hace unos años, Jorge Valdano dijo que sería bueno que se acabaran las revoluciones en el fútbol debido a que siempre son malinterpretadas y que, en consecuencia, terminan alterando negativamente el nivel de juego. Por ejemplo, cuando se introdujo al doble cinco fue pensado con el fin de liberar al cuarto volante, pero el resultado final fue la desaparición de éste en virtud de una línea de cuatro en el medio. Marcelo Bielsa debe ser uno de los pocos entrenadores en el mundo que aún logran, en un fútbol tremendamente exitista, cerrado y conservador, encontrar variantes que, sin llegar a ser revoluciones, constituyen grandes novedades en un fútbol actual en el que, por ejemplo, los equipos que defienden con tres jugadores están en peligro de extinción. El comienzo de Bielsa al frente de Chile fue complicado; primero por la resistencia de sus colegas locales y segundo porque durante las primeras cuatro jornadas de las eliminatorias logró un record de 1-1-2 empeorado por la dura derrota por 3 a 0 frente a Paraguay en Santiago. Durante su primer año a cargo del equipo disputó siete amistosos de los cuales ganó tres, empató dos y perdió los dos restantes. En la mayoría de éstos la crítica fue similar: el rendimiento de Chile fue lejano al que se esperaría de tanto trabajo y tanta “ciencia”.
Como solía decir una bandera que luego de la eliminación de Argentina en el mundial 2002 se hizo famosa en el Monumental, parecería ser que a Bielsa el tiempo le está dando la razón también detrás de los Andes. El problema es que el transcurso del tiempo no tiene solución de continuidad y, por lo tanto, la razón que nos da hoy nos la puede quitar mañana. Sin embargo, a junio de 2008 Chile ha mostrado una evolución futbolística significativa. En primer lugar, encontramos un plantel renovado repleto de jóvenes jugadores que promedian una edad de 22 años. Si este proyecto funciona, la Roja tendrá un equipo competitivo para los próximos tres mundiales. Si nos metemos en el mundo de la táctica observamos que la presencia de extremos es su primera arma de defensa, ya que contiene permanentemente a los laterales rivales y, frente a Venezuela, obligó a que el contrario siempre tenga seis jugadores en el campo propio. Si buscamos combinación de táctica con técnica, vemos que una de las virtudes del equipo chileno está en la versatilidad de sus defensores. Más allá de algunos problemas puntuales para cuidar el arco propio (principalmente, más allá de no reventar la pelota cuando se debe), es destacable que Ismael Fuentes haya jugado de 6 frente a Bolivia y frente a Venezuela arrancara de 2 y terminara de 4. Por su parte, Marcos Estrada comenzó como 6 y terminó como 3. A nivel global, el equipo suele alternar entre pasajes del partido donde pasa de defender con 4 a hacerlo con 3 sin sufrir sobresaltos atribuíbles al cambio táctico.
Si se compara el juego de este equipo con lo exhibido durante el resto de la década es evidente que hoy Chile cuenta con mucha voluntad para recuperar el balón y, una vez conseguido, sabe qué hacer con él. La presencia de jugadores bien abiertos como Alexis Sánchez, Mark González y Jean Beausejour le permiten al equipo generar espacios a través de un fútbol horizontal que tiene en Humberto Suazo la pieza clave en el área para ponerle el broche a cada jugada. En los últimos partidos se ha observado, además, que los jugadores han captado correctamente el mensaje emitido por el entrenador ya que los intentos ofensivos son sistemáticos e independientes del tiempo y del resultado parcial. Si a esto se le suman las buenas respuestas de Marcelo Bravo en el arco más los esperados retornos de los castigados por el “Escándalo de Puerto Ordaz”, entre ellos Jorge Valdivia y Pablo Contreras, parece que Chile dispondrá de argumentos para ilusionarse con jugar una Copa del Mundo después de doce años.
A menos de un año de la dura derrota por 6 a 1 frente a Brasil en la Copa América de Venezuela, la selección chilena parece haber sufrido un punto de quiebre respecto de su pasado. Chile se propuso cambiar, dar el salto de calidad, construir un proyecto de largo plazo que le permita volver a codearse con los mejores. Lo está consiguiendo. ¿Será que por primera vez en la década la buena fortuna decidió viajar a ese lejano país oculto detrás de las montañas? En absoluto; y si lo hizo fue llevándole a Marcelo Bielsa como entrenador. Tener a Bielsa como técnico implica buscar variantes en un fútbol que se ha vuelto monótono y aburrido, tener a Bielsa como técnico es que el equipo juegue con la misma mentalidad en cualquier estadio, teniendo a Bielsa como técnico se obliga al rival a preocuparse más por defender que por atacar, tener a Bielsa como técnico implica independizar al juego del tiempo, tener al Bielsa como técnico asegura que la existencia de un equipo largo no implique que las líneas estén desarticuladas… En fin, que Bielsa sea entrenador constituye un verdadero remedio para un fútbol enfermo de demasiadas revoluciones tácticas malinterpretadas.
*Si, técnico. No “seleccionador” como se hace llamar el DT de Argentina. Quizás, si lo viera jugar a Chile, se daría cuenta de que aún con poco tiempo de trabajo se pueden transmitir ideas.













basile viejo choborra! muy buena nota. bielsa es un tipo que labura, excelente legado para las futuras generaciones…