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Misión cumplida

15 Junio 2008 | Escrito por Bernardo Mestre No hay comentarios

cla-f18.jpg Cuatro años. Lo equivalente a un mandato presidencial; a una olimpíada; a la distancia entre un Mundial y otro o a la diferencia entre dos años bisiestos. Cuatro años. Lo que le llevó a River obtener un nuevo campeonato. Cuatro años. Mucho tiempo en algunas cuestiones de la vida. Nada en la materia futbolística. Una eternidad, sin embargo, para el equipo de Núñez. Pero por qué tanto dramatismo a la demorada de la consagración. Muy fácil, muchas cosas se jugaron en el medio y, muchas de ellas, las obtuvo el archienemigo de toda la vida. En estos últimos cuatro años, Boca obtuvo dos campeonatos locales, dos copas Sudamericanas, dos Recopas y una Copa Libertadores. Por todo eso, fue un ciclo extenso para River. Un largo y doloroso ciclo de cuatro años.

El último festejo del conjunto de la banda roja cruzada había sido la obtención del Clausura 2004. Leonardo Astrada debutaba exitosamente en su rol de entrenador y Fernando Cavenaghi culminaba de la mejor manera su paso por el club para emigrar hacia el (desconocido) fútbol ruso. Los regresos de los Marcelo’s (Gallardo y Salas) tenían sentido; Franco Costanzo se afirmaba como el arquero indiscutible y Maximiliano López pasaba en breve tiempo de ser una promesa discutida a la revelación del equipo.

Apellidos lejanos los de esa consagración, los cuales permiten demostrar que muchas cosas pasaron entre medio de ese campeonato y la actualidad. Astrada duró un año más hasta que en las primeras fechas del Apertura 2005 renunció al puesto. En ese momento llegó Reinaldo Merlo, que concluyó el torneo pero no reanudó al comienzo del 2006 por algunas diferencias que tuvo con varios líderes del plantel. Regresó, entonces, Daniel Passarella, acompañado de la promesa de ganar algo en el plazo establecido por el contrato firmado: un año y medio.

No sólo no bastó el tiempo estimado, sino que en la extensión del mismo por seis meses más River tampoco pudo saldar la deuda. El hincha se impacientaba y Boca seguía ganando títulos. La única suerte que cambió en el equipo “Millonario” había sido la de los superclásicos, en los cuales, de los diez últimos enfrentamientos, ganó cuatro y empató otros cuatro.

En el arranque del 2008 y tras la ida de Passarella, River recurrió al técnico del momento y fue en busca de Diego Simeone, que había obtenido el Apertura 2006 y peleado hasta el final el Clausura 2007, con Estudiantes de La Plata. En el medio quedó un estéril intento por traer nuevamente, para complacer el deseo de la mayoría de los hinchas, a Ramón Díaz. Pero entre idas y vueltas y alternativas económicas, Díaz renovó en San Lorenzo, Simeone pasó a River y Roberto Sensini ocupó el hueco que había quedado en el conjunto de La Plata.

Rápidamente, “Cholo” intentó inculcar la idea de un fútbol vertical y vertiginoso pero el equipo, desde el comienzo, demostró la necesidad de más tiempo para adoptar el nuevo estilo. De esa forma, River fue jugando el campeonato algunas veces de manera más ofensiva y otras tantas, recurriendo al esquema clásico del 4-4-2. Pasaban los partidos y el “Millonario” se mantenía invicto, lo que le permitía situarse en la cima de la tabla.

Sin embargo, promediando la mitad del torneo local, River sufrió un par de golpes que lo depositaron en una nueva situación crítica. En el término de veinte días, el equipo de Simeone perdió ante Rosario Central y Boca y, como si fuera poco, quedó eliminado de la Copa Libertadores en un cruce increíble con San Lorenzo, en el cual perdió la serie pese a que contaba con dos hombres más sobre el campo de juego cuando iba ganando el partido de vuelta.

La intriga y el desconcierto duraron hasta el entretiempo del partido con Gimnasia y Esgrima de la Plata , en el que, al término de la primera parte, el conjunto “Tripero” ganaba por 2 a 1. River salió al complemento y jugó con la fórmula que finalmente le permitiría salir campeón. Ésta consistía (y consiste) en la asociación entre Ariel Ortega, que regresaba al equipo tras varios inconvenientes personales, y Diego Buonanotte. River descubrió, entonces, una nueva dupla que significaba también una nueva variante y que funcionaría con éxito hasta el final del campeonato.

Cuando concluyó la décimo séptima fecha, River se encontró, al fin, con un porvenir favorable. Luego de siete jornadas regresaba a la punta en soledad ya que Estudiantes de La Plata (el otro puntero hasta allí) había igualado con Huracán. De modo que el conjunto de Simeone había sacado una diferencia de dos puntos cuando restaban seis en juego y la posibilidad de consagrarse, apenas siete días más tarde, era una realidad.

Finalmente, River le ganó a Olimpo y Estudiantes volvió a igualar, esta vez con Colón, de Santa Fe. La diferencia ampliada de cuatro puntos a su inmediato perseguidor, le permitió a River consagrarse campeón, más allá de que todavía al Clausura le reste una fecha. Cuatro años después, el “Millonario” volvió a obtener un nuevo título. No demostró, en el transcurso del torneo, un juego que exhibiera demasiado brillo, ni ganó el superclásico o los difíciles compromisos disputados en La Plata y en Rosario. Es más, de visitante apenas ganó tres partidos y, ante los cuatro grandes, sólo obtuvo los tres puntos ante San Lorenzo, en la tercera fecha. Sin embargo, la clave de este River campeón estuvo en la eficacia como local (donde ganó nueve de los diez partidos que jugó en esa condición), en la recuperación de Ortega sobre el final del campeonato y en la explosión de Buonanotte, goleador del equipo con nueve conquistas.

Puede decirse, a modo de conclusión, que River salió campeón con lo justo; lo cual no significa que hay sido un justo campeón. Esto, a partir de lo planteado, quedará entonces en la consideración de cada uno.

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