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Ocho días después

9 Junio 2008 | Escrito por Sebastián Valdecantos No hay comentarios

ed08-061.jpg Si el fútbol argentino pudiera ser personalizado lo primero que habría que hacer es mandarlo al psicólogo. A esta altura no debería sorprender la enorme capacidad que tiene este deporte para reflejar tan mal en los resultados el desarrollo de los hechos durante un proceso y las sensaciones generadas a lo largo del mismo. Grave problema de “personalidad”. Si uno se remonta a tan solo diez días atrás encontraba una tabla de posiciones con tres candidatos, todos muy próximos entre sí, y un pelotón secundario que la prensa había catalogado de “aspirante al título” simplemente por disponer de chances matemáticas. Además, se percibía una sensación de tremenda presión en el entorno de River, que presentaba una hinchada peleada con dirigentes, cuerpo técnico y plantel. Este era el estado de situación al 31 de mayo; más o menos el mismo que se presentó a lo largo de todo el campeonato. Ocho días después todo cambió radicalmente. Pero lo más asombroso de todo es que, ocho días después, parecería ser que todo lo sucedido en el período febrero-mayo nunca ocurrió.

El camino recorrido por River a lo largo del Clausura estuvo plagado de obstáculos de variada naturaleza. Sin embago, en lo que se refiere al juego en sentido estricto su desempeño fue regular y constante. Lo mostrado en la cancha durante estas 18 fechas (sumadas a los partidos por la Copa) puede resumirse en un equipo con excelentes dotaciones técnicas y ambiciosas intenciones ofensivas pero, al mismo tiempo, grandes dificultades para materializarlas y graves problemas de solidez defensiva. Si bien Simeone merece parte del mérito por una consagración postergada por cuatro años y finalmente conquistada a través de un cambio en el estilo de juego, no debe olvidarse que la mejor virtud de River o, por lo menos, la más determinante fueron las acciones individuales. Recordemos: el increíble arranque de Juan Pablo Carrizo, la explosión de Matías Abelairas y, fundamentalmente, la aparición de Diego Buonanotte como ganador de partidos. Estos rendimientos individuales, sumados a algunos otros como los aportes de Paulo Ferrari y Cristian Villagra por las bandas y la entrega de Oscar Ahumada en el medio, le dieron a River la posibilidad de armar un equipo que siempre fue candidato y que, finalmente, se quedó con el título.

No quedan dudas de que los Millonarios merecían obtener el campeonato, pero esto no implica que no hubiera otros equipos que también hayan hecho méritos para salir campeones. El caso de Estudiantes en esta mitad de año es uno más de la amplia lista de clubes por los cuales la justicia ha olvidado tocar la puerta. Roberto Sensini aprovechó a la perfección el legado de Simeone y, con un par de retoques (que incluyeron sacar a Pablo Piatti de los titulares!) le bastó para dirigir al mejor equipo del país. Ya sea por nivel de juego, variantes ofensivas, equilibrio entre las lineas y algunas actuaciones individuales estelares, el Pincha demostró a lo largo de esta mitad de año que sigue estando un escalón por encima del resto. Sin embargo, en esta ocasión los resultados (y no por mala fortuna) le jugaron una mala pasada ya que en cada una de las instancias decisivas el equipo no sólo fracasó en su intento de obtener la victoria sino que, fundamentalmente, estuvo muy lejos de hacerlo. Los partidos frente a la Liga por la Copa y contra Huracán y Colón en el Clausura mostraron a un equipo que encontró dificultades para explotar al máximo todo el potencial del que ya demostró disponer.

Hace tan solo ocho días todo amante del fútbol argentino se había convertido en un experto en el manejo de la teoría de la probabilidad. Se hablaba de una hipotética final entre Estudiantes y River, se especulaba con que San Lorenzo, recién eliminado, enhebraría una racha ganadora para que Ramón se retirara triunfal, y se sabía que si se apelaba a los argumentos del juego el que tenía todas las de ganar era Estudiantes por un despliegue futbolístico de orden superior. De lo que no había dudas era de que el campeonato estaba trabado, duro y peleado. Un final así, tan sencillo y poco emocionante, era lo menos esperable. Pero el fútbol es así. Por sobre todas las cosas, impredecible. Y cuando los obsesivos de este deporte nos matabamos buscando posibles desenlaces llegaron ocho días en los cuales Estudiantes sufrió amnesia parcial, River ajustó un par de detalles y Buonanotte se encedió. Nada más. Así se difinió el Clausura 08.

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