El Real Madrid y su eterno dejà vu
La dinámica que acompaña a la liga de España puede dividirse en tres fases. En primer lugar encontramos a la pretempoada, donde los equipos, ya reforzados, encaran lo que será el trabajo que les servirá de base para todo el año. La palabra que resume mejor el sentimiento generalizado del público es “expectativa”, ya que sin haberse jugado ningún partido oficial los amantes de este torneo comienzan a realizar conjeturas acerca de lo que cada equipo podrá hacer con la combinación de sus nuevas incorporaciones y el plantel del campeonato anterior. En segundo lugar tenemos al desarrollo de la Liga, sobre lo cual no vale la pena extenderse, ya que de ella nos ocupamos durante la mayor cantidad de los meses del año futbolístico. Ahora bien, existe una última etapa que, si bien muchos cometen el error de restarle importancia, constituye el soporte fundamental de lo que sucederá en la cercana pretemporada y, mucho más, en la próxima Liga.
La razón que subyace a la importancia del mes posterior a la conclusión del torneo la encontramos en que, con los ánimos aún calientes, los clubes tratan de corregir los errores que los llevaron a no cumplir con sus objetivos y/o metas. Por ejemplo, si bien el Real Madird se consagró bicampeón, su gran cuenta pendiente fue la Champions League, para lo cual la prensa española considera que no tiene plantel suficiente (¿usted lo cree?). En consecuencia, los dirigentes de la Casa Blanca están haciendo todos los esfuerzos posibles por fichar a Cristiano Ronaldo, estrella del Manchester United, para darle a este equipo el salto de calidad que supuestamente le falta. Que el Real Madrid está, futbolísticamente hablando, un escalón (o varios) por debajo de otros grandes de Europa no quedan dudas. Ahora bien, que la solución pase por incorporar al crack portugués es tan discutible que se torna indiscutible. Es decir, el problema central del equipo merengue no pasa por la calidad del plantel, sino por la falta de coordinación entre tantas estrellas para desplegar un buen fútbol. Traer a Cristiano Ronaldo, sin lugar a dudas, le aportaría a los dirigidos por Bernd Schuster una pieza más de desequilibrio. Pero, al mismo tiempo, haría más individualista a un equipo cuyo mayor defecto pasa por la falta de asociación entre sus miembros.
El Real Madrid se consagró campeón de la Liga holgadamente, pero si comparamos EL objetivo propuesto al comenzar la temporada (recuperar el nivel de juego que caracterizó a la institución a lo largo de toda su historia) con lo que finalmente se observó en el campo de juego podemos decir que el fracaso fue rotundo. El único aspecto en el cual se pudo observar una mejora en el rendimiento fue en la línea defesiva, y no precisamente por haber incorporado a Pepe por 30 millones de euros. De la mitad hacia adelante la forma de juego se mantuvo invariante con respecto al ciclo de Fabio Capello. Quizás, uno podría destacar la participación del holandés Wesley Sneijder quien, con su excelente remate de larga distancia, en más de una ocasión terminó definiendo el pleito en favor de su equipo. Ahora bien, si finalmente el Mancheser United acepta la oferta de 85 millones de euros por el astro portugués, ¿quién le va a ceder su lugar en el equipo? ¿Será el propio Sneijder por quien los merengues tantas noches pasaron en vela durante las negociaciones previas a su pase? ¿Será Guti, que con todo su orgullo canterano se ha transformado en una pieza clave del mediocampo? ¿Será Robben, será Gago? ¿O será que para hacerle un lugar a Cristiano el Real Madrid pasará a defender con tres? De todas las alternativas, esta última es la más interesante; principalmente porque sería la única que realmente pondría a prueba la habilidad de Schuster como entrenador y estratega.
En los últimos años se ha hecho común la idea de que los negocios y las necesidades de obenter ganacias financieras han perjudicado letalmente al nivel de juego. Podríamos decir, en un sentido muy amplio y tremendamente injusto, que la economía es un parásito que ha elegido al fútbol como su huésped. La injusticia de la afirmación anterior radica en que la esencia científica de la economía no tiene nada que ver con la rama que, hoy en día, lleva a los individuos a buscar en el deporte el lugar donde ganar dinero. Pero, hablando de dinero, vemos que su abundancia dentro los clubes se presenta como un factor que muchas veces conduce a la ruina futbolística. Cuando un equipo carece de financiamiento propio y externo debe recurrir a diversas alternativas para hacerse competitivo. Así surgen equipos que, con muy bajo presupuesto, logran entrar a las copas europeas (en esta temporada, el Racing de Santander). Cuando sobran los euros, en cambio, no hace falta romperse la cabeza armando un proyecto de largo plazo; alcanza solamente con ir al mercado y comprar a los mejores. Esta solución es el verdadero parásito, ya que deja completamente de lado (en muchos casos, no en todos) el rol estratégico de un entrenador y el planeamiento a largo plazo en las divisiones inferiores. Y este es el virus que, con pocos sintomas en los resultados pero con demasiados (y bien dolorosos) en el juego está enfermando al Real Madrid. Hace un año Ramón Calderón despidió a Capello por tener una forma de juego inconsistente con la tradición madridista. Doce meses después es poco lo que ha cambiado y, desde la dirigencia, se siguen cometiendo los mismos errores en busca de armar un equipo inolvidable. Si seguimos así, ¿usted cree que en diez años nos acordaremos de este Real Madrid? Yo creo que no…













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